Cambiar el bullicio de la ciudad, por la fresca brisa y el estrés del tráfico, por el vaivén de las olas del Pacífico colombiano, no debería ser una opción de unos pocos afortunados, sino la oportunidad para acercarse a comunidades muy necesitadas y ayudarles a cumplir sus sueños. Esto fue precisamente lo que hicieron más de 40 voluntarios, quienes de manera desinteresada dejaron sus oficinas, consultorios médicos y demás lugares de trabajo para llegar a este paraíso natural, con servicios y ayudas para la población.